“La riqueza para mí es compartir”

ENTREVISTA/ Ghaleb Jaber, empresario palestino afincado en Santiago

Ghaleb Jaber Ibrahim es un palestino de 59 años, licenciado en Medicina y en Periodismo. Bajo su apariencia humilde, se esconden los cargos de Director de la Fundación Araguaney y director de la productora audiovisual gallega CTV, entre otras ocupaciones. Es un incansable defensor de su cultura que insiste en borrar poco a poco las barreras entre las distintas civilizaciones.

Por Silvia Corral Seoane e Ignacio Javier Calvo Ríos (entrevista), María Dolores Fernandes del Pozo y Pablo Jiménez Arandia (trascripción y cortes), Enrique Carballo Gende y José Bruno Marinho (biografía y documentación).

Aunque ya pasaron casi 40 años, seguro que recuerda como si fuese ayer mismo el momento de su partida hacia Galicia, aquel día en el aeropuerto con su padre…

GHALEB: Fue un día que marca. Sí, normalmente las separaciones son traumáticas. Yo ya había salido de Palestina de forma traumática en el 67, vengo de una familia de refugiados del año 48. Mi llegada a España fue para estudiar Medicina. De hecho, no es que no ejerciese. Ejercí, sigo ejerciéndola todos los días, aunque la aplico al mundo de la empresa, porque siempre lo que aprendes en una carrera lo puedes utilizar luego para varios campos.

Mi llegada a Santiago fue de casualidad, porque yo llegué Madrid para estudiar y hacer mis papeles. Aquí, pasé una primera semana muy dura. Siempre fui un activista político comprometido con la causa de mi pueblo. Yo no quería desaprovechar la oportunidad que tenía de estudiar, porque si no me iría con mis tíos a Venezuela a trabajar en la ropa y… esa opción, claro, nunca fue muy atractiva para mí. Entonces, pregunté a dónde iban a estudiar los árabes, para escapar del ambiente enrarecido que había en la capital. Y me dijeron que a Santiago de Compostela, porque en la ciudad llovía mucho, había muchos bosques… Entonces pensé que qué mejor sitio para demostrar que yo venía a hacer algo importante, y así llegué, aquel 14 de febrero de 1970 a esta tierra.

El día de los enamorados…

GHALEB: Sí, definitivamente, ahí ya me enamoré de Compostela.

Sus hijos nacieron ya aquí en Galicia. ¿Se sienten gallegos? ¿Se sienten palestinos?

GHALEB: Es una pregunta que siempre me hacen, Yo creo que lo más importante es sentirnos libres. Las personas tenemos que tener ese objetivo: libertad, ser libres y autodeterminantes en nuestra historia. Sobre dónde nacemos… Siempre nos queremos meter en esa cápsula del localismo y yo creo que perdemos perspectiva. Mis hijos son internacionales; en casa somos palestinos, somos alemanes, somos venezolanos, somos gallegos y somos españoles. Cuanto más amplio es el aspecto humano al que perteneces, mejor. Yo, por ejemplo, no puedo ser buen gallego si no soy buen palestino, por coherencia. En mi casa hay un cóctel, porque yo soy palestino, cuatro de mis hijos nacieron aquí, uno en Venezuela, mi mujer es alemana… Para mí esto enriquece a la persona. Tenemos que viajar aunque sea de forma virtual y meternos en otras culturas a través de otras personas, olores, sabores… Tenemos que analizar todo en base a la perspectiva y el contexto, buscando conseguir una sociedad rica.

Cuando usted llegó a Santiago, decidió crear una fundación, de la que se han cumplido hace poco los 25 años. ¿Por qué una fundación?

GHALEB: Yo llegué aquí sin nada. Tenía 500 dólares para todo. Esa oportunidad única que tuve junto con mi activismo político me ha hecho estar al lado de la sociedad. Todo lo entendía siempre en base a la riqueza, que para mí es compartir. Por eso yo, desde el primer momento en que tuve la suerte de hacerme empresario, entendí que el dinero si no tiene una función social carece de valor. Justamente, la fundación fue una estructura nueva con la que creí que era muy fácil penetrar en la sociedad, aportando un puente de culturas, algo de lo que el pueblo gallego carecía, aportándole esa visión del mundo árabe. Para mí es una obligación que debemos tener todos, por ser ricos. Cada uno debe aportar siempre lo que puede, de lo que tiene debe dar un tanto por ciento para la sociedad, sea a través del trabajo o a través de la riqueza.

Una de las iniciativas que lleva a cabo esta fundación desde el 1995 es Vacaciones por la paz. ¿Qué significa para usted esta iniciativa?

GHALEB: Yo creo que es una pequeña ilusión compartida. Para mí, tener huéspedes en mi casa, tener a unos niños palestinos que sufren maltratos físicos y psicológicos en campos de refugiados de Palestina, sirve para enseñarles que hay un mundo mejor, que no todo el mundo son soldados israelíes, y que el muro no es el límite del mundo, sino que existe un mundo más allá por el que ellos tienen que luchar. Pero mientras les ayudamos a entender eso, buscamos que disfruten de nuestro paisaje gallego, de nuestra comida… Es una experiencia que les enriquece muchísimo, pero también nos enriquece a nosotros.

Cuando uno habla con usted, es natural que se ponga encima de la mesa el tema de la situación de los palestinos. El cuadro político palestino en estos momentos es indefinido. ¿Qué piensa usted del futuro de la política palestina?

GHALEB: El problema de Palestina es un problema como el de Líbano y el de muchos otros países, desgraciadamente. Luchamos contra nuestras propias contradicciones. Eso deja patente nuestra carencia de libertad, ya que la democracia en Palestina es una democracia falsa, porque democracia y ocupación son incompatibles, como democracia y pobreza. Aún encima, Palestina y Líbano son dos territorios que están sirviendo como campos de experimentos para guerras regionales de EEUU, Siria, Egipto y muchos otros países. Cada uno quiere armar una fuerza con sus armas y dinero, provocando muertes de palestinos y libaneses. Al final, esto se está convirtiendo en un laboratorio peligroso para el resto de la humanidad. Yo siempre digo que las diferencias entre palestinos se pueden arreglar en 48 horas, pero sería así si realmente existiera la posibilidad de tener un estado palestino libre que tuviera la posibilidad de ayuda exterior.

¿Por qué Santiago de Compostela?

¿Por qué invertir en los demás?

¿Por qué Vacaciones por la paz?

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Cuando la lengua se convierte en una barrera

Imagínese ser parado por la policía en un país extranjero, cuyo idioma no comprende. Los agentes le exigen algo, usted les comunica como buenamente puede que no habla su lengua. Se lo repiten, dos o tres veces, cada vez más enfadados, haciendo comentarios entre ellos cuyo significado se le escapa. ¿Están intercambiando palabras de rutina, clasificándolo como criminal? Seguramente usted se ponga nervioso, aunque no tenga conciencia de haber hecho nada ilegal. Imagínese ser detenido sin saber cómo decir que las esposas están demasiado apretadas. A la barrera del idioma se le añade la cultural, el desconocimiento de las costumbres, y el miedo del que se sabe solo en un sitio extraño.

En el sistema judicial español, si un sujeto no habla español, tiene derecho a un traductor gratuitamente en el momento de su detención, y también durante el juicio. Otros sistemas judiciales son menos garantistas. En Emiratos Árabes Unidos, diecisiete inmigrantes han sido condenados a muerte en un juicio que se celebró en una lengua que apenas comprendían, sin la presencia de un intérprete . Pero incluso en España, bastante avanzada sobre el papel, este derecho se cubre muchas veces de forma deficiente o improvisada. En 1999, se descubrió que la policía malagueña  empleaba a inmigrantes detenidos como traductores. Además, situaciones como esta no son exclusivas del sistema judicial. La ola inmigratoria de los últimos diez años ha motivado que estas dificultades de comunicación se produzcan, de forma generalizada, en todos los servicios públicos.

La traducción y la interpretación en los servicios públicos españoles

España es un país que en los últimos años viene experimentando una transformación demográfica importante como consecuencia de los flujos de inmigración que recibe. Esta inmigración encuentra numerosas barreras a la hora de instalarse en nuestro país, y entre ellas están las del idioma, las culturales y las administrativas. Todas ellas se reúnen en un problema que adquiere cada vez mayor dimensión: la falta de traductores e intérpretes en los servicios públicos nacionales. Esta ausencia de la figura del mediador interlingüístico, que en principio puede parecer un mal menor, conlleva a diario la vulneración de los derechos de muchas personas que encuentran en el idioma una barrera para ir al médico, acudir al juzgado o asistir al colegio. Por ello, colectivos de académicos y profesionales reclaman la implicación de las administraciones para garantizar los derechos de los inmigrantes y para facilitar la integración de los mismos en la sociedad. En esta línea trabaja la Red Comunica, un grupo de investigadores universitarios que han creado un observatorio permanente en las diferentes comunidades autónomas para detectar las necesidades que existen en materia de TeI en los SSPP y colaborar en su paliación. La Doctora Carmen Valero, miembro fundador de la Red, explica que “los servicios públicos españoles actúan de diversas formas ante la ausencia de intérpretes, pero cada institución tiene sus propios mecanismos”. Por lo general, las personas que suelen actuar de intérpretes carecen de formación específica y lo hacen de manera voluntaria o remuneradas de una manera casi simbólica. “En los últimos años la tendencia es a subcontratar el servicio de interpretación a empresas, pero el problema está en que estas empresas tampoco aseguran la profesionalidad de los intérpretes”. Las situaciones más graves se dan cuando la confidencialidad y la efectividad de la traducción son de vital importancia, como en el caso de un juicio, una detención o una consulta médica. También en las escuelas ni los alumnos extranjeros ni sus padres disponen de apoyo lingüístico, lo que entorpece enormemente la adaptación. Valero remarca que el intérprete profesional no sólo es un mediador lingüístico, sino también cultural, y por ello es tan importante contar con intérpretes bien formados en los servicios públicos.

¿Qué pasa en Galicia?

El perfil de la inmigración gallega y de la demanda de lenguas (Datos INE 2009) es algo diferente al de otras comunidades autónomas, pero las necesidades en materia de interpretación son las mismas. Estas necesidades se establecen según el ámbito público al que nos refiramos, pero según la Doctora Maribel del Pozo de la Universidad de Vigo “el ámbito sanitario es el que presenta más carencias con respecto a este tema, puesto que no existe ningún protocolo de actuación. Se acude a familiares, personal sanitario con conocimiento del idioma requerido, amigos, conocidos, etc.(…) Que sepamos, en Galicia no existe ningún tipo de traducción a través de servicios telemáticos como ocurre en otras comunidades de España”. Estos servicios suelen realizarse vía telefónica, pero el principal problema que plantean es la falta de confidencialidad del paciente y la ausencia de garantías de profesionalidad de los intérpretes, algo importante si tenemos en cuenta que de la buena o mala traducción dependerá un tratamiento médico, una declaración o una condena.

Del Pozo, que además es la responsable de la Red Comunica en Galicia, también señala que en el ámbito educativo las deficiencias son también enormes, puesto que no existe ningún tipo de apoyo real para los alumnos que llegan desde el extranjero a estudiar en un centro gallego. “Queda muchísimo por hacer, aunque es cierto que las Comunidades con mayores necesidades (Valencia, Cataluña, Madrid, Andalucía, etc.) van reaccionando poco a poco. Otra cosa es que las soluciones que se implanten sean las adecuadas” remarca Del Pozo. Galicia, por lo tanto, todavía está en proceso de adaptarse a esta nueva realidad sociocultural, y parece urgente que la Administración y los ciudadanos se conciencien para dar solución cuanto antes a este problema y garantizar los derechos de los inmigrantes a la vez que se fomenta su integración.

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Entrevista a la FEGAMP (Federación Galega de Municipios e Provincias)

Real Decreto 1162/2009 por el que se modifica el Reglamento de la Ley Orgánica 4/2000 sobre los derechos y libertades de los extranjeros en España

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Un reportaje de Enrique Carballo Gende, Silvia Corral Seoane, Pablo Jiménez Arandia, Ignacio J. Calvo Ríos, José Bruno Marinho y MªDolores Fernandes del Pozo.

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